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15 Feb 2016

El teatro y la educación

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teatro

Se ha demostrado que la animación teatral es una útil herramienta de educación por la cual se fomenta tanto la creatividad como la comunicación. El teatro siempre ha tenido una función social educativa, que se puede observar en la evolución de nuestra cultura occidental: desde los mitos y leyendas de la tragedia griega, hasta el teatro postmoderno que se representa hoy día, pasando por la dramaturgia creada por los grandes autores de la literatura europea.

Es un hecho que nuestro sistema educativo no es perfecto. Uno de los sitios por donde hace aguas sigue siendo la falta de libertad creativa. La creatividad se queda anquilosada con la educación tradicional, en la que tiene más mérito memorizar un párrafo que redactar otro con ideas propias. Los cursos educativos se siguen rigiendo por el dogma del libro de texto, la memorización del temario y la evaluación del examen, en el cual se debe recitar a pies juntillas cada coma del texto ‘aprendido’.

La inclusión del juego dramático en las aulas puede hacer frente a esta situación. Hacer a los alumnos partícipes de una obra teatral ayudaría a dejar en libertad todo el potencial creador que poseen, con lo que estaríamos reconociendo toda la plenitud del potencial humano. Para esto resulta esencial, también, educar en habilidades sociales.

En las últimas décadas varios autores (como Desmond Morris o Allan Peace, entre otros) han coincidido en afirmar que aprendemos el código de signos transmitido por los gestos y movimientos corporales (comunicación no verbal), antes que el código de comportamiento que se transmite por las palabras. Además, llegamos a comprender que la verdad se encuentra más en el gesto y en la expresión corporal que en las propias palabras. Es decir, ‘más vale un gesto (imagen) que mil palabras’.

Es por esto último que se debe educar no sólo en la palabra, sino también en el gesto. Y, lo que es más importante, no sólo a los alumnos, sino también a los profesores. De lo expuesto en el anterior párrafo, se extrae que los alumnos están aprendiendo en base a los gestos de quien les rodea. En este caso, en el ámbito escolar, son tanto profesores como compañeros de clase.

El niño, o la niña, en la escuela tradicional -donde no se utiliza el teatro como herramienta educativa- están aprendiendo a mentir o a decir la verdad, a reprimir sus deseos o a expresarlos, a ser sumiso o a ser libre… Todo dependiendo, en gran parte, de la actitud, de los gestos y de los movimientos corporales que transmiten los profesores y el resto de alumnos.

Ante esto, la animación teatral se puede erigir como nueva disciplina capaz de poner en práctica todo ese complejo mecanismo de signos y gestos que, inconscientemente, utilizamos a todas horas, ya sea bien o mal. En definitiva, el teatro se puede utilizar en la educación tanto para mejorar la comunicación social como para desarrollar las geniales mentes creativas de la infancia y, lo que es mejor, todo adornado como si de un juego se tratase.

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